Aprendí que no siempre hay que hacer algo (a veces simplemente hay que estar)
Hay momentos en consulta en los que algo no encaja. El paciente habla, se abre, nombra su dolor, y yo, como terapeuta, (desde la teoría) sé qué hacer. Reconozco el patrón, identifico la emoción, pienso en la técnica adecuada. Sin embargo, algo en el ambiente se siente distante, como si todo eso que sé, por un instante, no fuera suficiente. Y entonces aparece una pregunta incómoda, pero cada vez más honesta: ¿acompañar es intervenir… o es estar? Durante mucho tiempo confié profundamente en las herramientas, en los modelos, en las formas de hacer terapia, y sigo creyendo en ellas. Pero también he tenido que reconocer algo que no siempre es fácil aceptar: a veces, la técnica se vuelve una forma de protegernos. Queremos ayudar, queremos que el paciente mejore, queremos hacer bien nuestro trabajo. Y en ese intento, sin darnos cuenta, empezamos a escuchar no para comprender, sino para intervenir. Es ahí donde algo esencial se pierde, porque hay momentos en los que lo que está en juego no es ...
